Los mejores clientes no siempre son los que pagan más
Hay clientes con presupuesto alto que hacen el trabajo miserable. Y clientes con presupuesto ajustado que son exactamente el tipo de colaboración que uno quiere repetir. Lo que aprendí sobre qué hace un buen cliente.
OSCARLEON
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Al principio de trabajar por cuenta propia, el criterio principal para evaluar un cliente era el presupuesto. Tenía sentido: con facturas que pagar y proyectos que costaban tiempo real, el dinero disponible parecía el factor más importante.
Con el tiempo aprendí que el presupuesto dice poco sobre cómo va a ser trabajar con alguien. Lo que predice mejor la calidad de la relación es otra cosa: qué tan claros son sobre lo que quieren, qué tan dispuestos están a escuchar criterio técnico, qué tan respetuosos son con el tiempo del equipo, y si entienden que contratar profesionales implica confiar en su juicio.
Los clientes más difíciles que he tenido no eran los que pagaban poco — eran los que pagaban bien pero llegaban con la certeza de que sabían exactamente cómo debía hacerse el trabajo mejor que el equipo al que le estaban pagando para hacerlo. Eso crea fricción constante, demora entregas y deteriora el resultado final.
Los mejores clientes — los que generan trabajo del que uno está orgulloso — son los que tienen claridad de su objetivo, confían en el proceso, dan feedback útil y entienden que las revisiones son parte de llegar a algo bueno, no síntoma de que algo salió mal.
Eso no significa que el presupuesto no importe — pero sí que el presupuesto solo no es criterio suficiente para aceptar o rechazar un proyecto. Si querés saber cómo trabajamos antes de proponer algo, agendamos una conversación para ver si hay compatibilidad real.
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