Lo que cambió en cómo cotizo proyectos digitales
Las primeras cotizaciones que entregué eran demasiado baratas, demasiado detalladas y demasiado optimistas en tiempos. Esto es lo que cambió — y por qué cada cambio mejoró los resultados.
OSCARLEON
OSCARLEON
Cotizar un proyecto digital correctamente es una habilidad que se aprende a base de errores. Las primeras cotizaciones que hice tenían dos problemas principales: subestimaba el tiempo real del trabajo y no incluía las iteraciones, revisiones y comunicación que forman parte inevitable de cualquier proyecto.
El primer cambio grande fue separar el costo del tiempo del costo del resultado. Un sitio web no cuesta lo que cuesta porque lleva X horas — cuesta lo que cuesta porque resuelve un problema específico para un negocio específico. Cuando empecé a cotizar por valor entregado en lugar de por horas estimadas, las conversaciones cambiaron.
El segundo cambio fue ser más explícito con el alcance antes de ponerle precio. Ahora no cotizo hasta entender qué problema se quiere resolver, cuál es el objetivo de negocio detrás del sitio o la campaña, y qué define el éxito del proyecto. Sin eso, cualquier número es arbitrario.
El tercer cambio fue aprender a decir que no a proyectos con presupuesto que no alcanza para hacerlo bien. No porque el dinero sea el único criterio — sino porque un proyecto mal presupuestado termina mal ejecutado, y eso no beneficia a nadie. Prefiero explicar por qué el presupuesto no alcanza y qué sí se puede hacer con lo disponible.
Si querés entender cómo estructuramos proyectos y qué incluye una propuesta real, conversemos antes de pedir precio. El número tiene más contexto cuando viene con claridad de qué se está resolviendo.
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